miércoles, 26 de marzo de 2014

Sumergir la cabeza en la almohada y respirar suavidad. Según el momento del día, los rayos del sol penetran rasgando la tela roja, rotando al mismo tiempo que el reloj, tal gira la tierra; el resplandor rebotando en las paredes del mismo edificio donde resido. Penetran la cortina tiñendo la habitación color sangre. Antes de cerrar los ojos y después, tras los parpados, contemplar la tonalidad variante de grises pensando lo que se nos cruce en ese momento por la mente. Disfrutar como el sistema nervioso se desconecta, se desconecta para nadar por el océano del descanso.

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