sábado, 29 de marzo de 2014

La gracia perdida. -Tokutaroo Mamiya

  Cuando se extinguieron la revelación y la gracia divina, se extinguió también mi vida. Todo lo que vivía dentro de mí, y que tenía por tanto algún valor, murió. No quedó nada. Todo ardió dentro de aquella luz violenta y quedó reducido a cenizas. O, tal vez, el calor que emitía aquella revelación, aquella gracia, abrasó el núcleo de mi vida. Quizá no tenía la fuerza suficiente para resistir aquel calor. Por eso no tengo miedo a morir. La muerte física de mi cuerpo para mí representará incluso una salvación. Me liberará para siempre del sufrimiento de ser yo, de esta prisión sin esperanza.
  Pero lo que verdaderamente quería que supiera era esto. Soy un ser humano, que, en cierto momento, perdió su propia vida y ha vivido más de cuarenta años acompañado de esa vida perdida. Como persona que se encuentra en esta situación, creo que la vida es mucho más limitada de lo que piensan las personas que están en pleno proceso vital. La luz brilla durante un limitado y brevísimo espacio de tiempo en el acto de vivir. Quizá sólo unas decenas de segundos. Una vez se ha ido, si has fracasado en el intento de alcanzar la revelación que se te ofrecía, no tienes una segunda oportunidad. Y luego deberás pasar el resto de tus días dentro de una profunda soledad sin esperanza ni remordimiento. En este mundo del crepúsculo, la persona ya nunca podrá esperar nada. Lo único que poseerá serán los restos efímeros de lo que pudo haber sido. 
-Haruki Murakami / CRONICA DEL PÁJARO QUE DA CUERDA AL MUNDO

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