Cuando se extinguieron la revelación y la gracia divina, se extinguió también mi vida. Todo lo que vivía dentro de mí, y que tenía por tanto algún valor, murió. No quedó nada. Todo ardió dentro de aquella luz violenta y quedó reducido a cenizas. O, tal vez, el calor que emitía aquella revelación, aquella gracia, abrasó el núcleo de mi vida. Quizá no tenía la fuerza suficiente para resistir aquel calor. Por eso no tengo miedo a morir. La muerte física de mi cuerpo para mí representará incluso una salvación. Me liberará para siempre del sufrimiento de ser yo, de esta prisión sin esperanza.
Pero lo que verdaderamente quería que supiera era esto. Soy un ser humano, que, en cierto momento, perdió su propia vida y ha vivido más de cuarenta años acompañado de esa vida perdida. Como persona que se encuentra en esta situación, creo que la vida es mucho más limitada de lo que piensan las personas que están en pleno proceso vital. La luz brilla durante un limitado y brevísimo espacio de tiempo en el acto de vivir. Quizá sólo unas decenas de segundos. Una vez se ha ido, si has fracasado en el intento de alcanzar la revelación que se te ofrecía, no tienes una segunda oportunidad. Y luego deberás pasar el resto de tus días dentro de una profunda soledad sin esperanza ni remordimiento. En este mundo del crepúsculo, la persona ya nunca podrá esperar nada. Lo único que poseerá serán los restos efímeros de lo que pudo haber sido.
-Haruki Murakami / CRONICA DEL PÁJARO QUE DA CUERDA AL MUNDO
sábado, 29 de marzo de 2014
viernes, 28 de marzo de 2014
Historia de los monos de la isla de mierda
"En algún lugar lejano había una isla de mierda. No tenía nombre. No valía la pena ninguno. Era una isla de mierda con forma de mierda. Allí crecían palmeras con forma de mierda. Y las palmeras daban cocos que olían a mierda. Pero allí vivían monos de mierda que adoraban los cocos que olían a mierda. Y cagaban mierda de mierda. La mierda caía al suelo, aumentaba la capa de mierda y las palmeras de mierda que allí crecían eran cada vez más de mierda. Un círculo vicioso. Mirándote, me he acordado de la historia de la isla de mierda. A lo que me refiero es que hay un tipo de mierda, un tipo de podredumbre, cierta tenebrosidad que se autoalimenta y, formando un círculo vicioso, crece con celeridad. Cuando se sobrepasa cierto punto, nadie lo puede detener. Ni siquiera la persona interesada. ¿Está claro? Sé muy bien qué tipo de persona eres. Dices que soy basura y piedras. Y piensas que podrías hundirme en un segundo con tal de que te lo propusieras. Pero las cosas no son tan simples. Seguro que para ti, según tu sistema de valores, soy basura y piedras. Pero no soy tan estúpido como crees. Sé muy bien qué hay debajo de esa máscara pulida. Conozco el secreto que se esconde debajo." -Haruki Murakami / CRONICA DEL PÁJARO QUE DA CUERDA AL MUNDO
miércoles, 26 de marzo de 2014
Sumergir la cabeza en la almohada y respirar suavidad. Según el momento del día, los rayos del sol penetran rasgando la tela roja, rotando al mismo tiempo que el reloj, tal gira la tierra; el resplandor rebotando en las paredes del mismo edificio donde resido. Penetran la cortina tiñendo la habitación color sangre. Antes de cerrar los ojos y después, tras los parpados, contemplar la tonalidad variante de grises pensando lo que se nos cruce en ese momento por la mente. Disfrutar como el sistema nervioso se desconecta, se desconecta para nadar por el océano del descanso.
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